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¡4 Pasos Para Tener un Cutis Liso!

Cremas y Tratamientos Para Tener un Cutis Liso

No es sencillo pero tiene solución. Aquellas personas que tienen rostros con cicatrices o marcas de acné seguramente añoran ese cutis de la niñez y se autoconvencen de que no es posible. ¡Pues bien, se equivocan! Y esto es así ya que tanto hombres como mujeres pueden hacer muchísimo para mejorar el cutis. Eso sí, habrá que tener muy en claro una palabra clave: constancia.

Por eso te traigo aquí cuatro pasos que te servirán para lograrlo. Lo fundamental será ser constantes, no desanimarse y tener una paciencia oriental capaz de esperar para ver los resultados concretos. ¡Allá vamos!

Paso 1: LIMPIAR

Nada muy complicado: sólo se trata de lavarte el rostro todos los días. Todos ¿está claro? Ten en cuenta que un solo día de olvido te hará retroceder más que un escalón en el camino hacia tu objetivo.

Para hacerlo tendrás que escoger un jabón adecuado para el rostro. Nada de jabón normal, ya que no deseas perder la humectación de tu cara. Conviene aplicar este jabón especial sobre tu piel previamente humedecida, y usar los dedos en movimiento circular para frotar y quitar las impurezas. Luego será el momento de enjuagar con abundante agua.

Te sugiero no utilizar toallitas, ya que en ocasiones provocan efectos adversos. Tras ello, lo que sigue es dejar secar al aire o bien utilizar una toalla bien limpia, con movimientos suaves. Cuida que ningún objeto extraño entre en contacto con tu cutis.

Parte 2: EXFOLIAR

Momento clave. Lo bueno es que se lleva a cabo con elementos de preparación casera. La más clásica es una mezcla de tres partes de bicarbonato de sodio con una de agua. Este compuesto rico en sodio servirá para extraer las impurezas de la piel, quitando también las células sin vida. Hay quienes utilizan exfoliante preparado con azúcar; no es mala idea, puedes probarlo. Lo que te sugiero evitar es el exfoliante de sal, ya que por lo general tiene como efecto eliminar los aceites y minerales esenciales de la piel, además de resecarla.

Justamente por eso, antes de iniciar la exfoliación será necesario humedecer tu cara usando agua tibia. Una buena idea es aplicar la exfoliación mientras estás en la ducha, ya que las condiciones son óptimas y además el enjuagado posterior será perfecto.

Una vez aplicado el exfoliante en el rostro, de modo tal que cubra mejillas y frente –los sectores más problemáticos–, frota con los dedos en movimientos circulares para que se despliegue su efecto abrasivo. Luego enjuagas con abundante agua y dejas secar tu cara. Al final del proceso siempre convendrá rehidratar la piel, utilizando cualquier crema de buena calidad.

Parte 3. HIDRATAR

Es una costumbre que conviene incorporar. El rostro sufre por la sequedad, pero también con cada lavado, ya que el jabón reseca la piel, lo cual facilita la generación de espinillas y puntitos negros. Por eso acostúmbrate a usar cremas hidratantes para el rostro, y hazlo con frecuencia. ¿Y que pasa con los que tienen piel grasa? No es excusa, ya que hay excelentes cremas no grasosas que servirán también para estos casos.

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¿Debo comprar una de esas cremas carísimas? Son bárbaras, ¡quién lo negaría! Pero no será necesario que gastes medio sueldo para abastecerte. Con una crema facial “normal” la mayoría de las personas lograrán excelentes resultados siempre que se acostumbren a aplicarla de manera cotidiana.

No obstante, también es buena idea combinar cremas “normales” con alguna “más fuerte”. De vez en cuando aplicas una de éstas que son más caras, pero sin necesidad de hacerlo todos los días. A modo de sugerencia, elige productos que contengan lanolina, un componente magnífico que ayudará a tu piel a resistir al envejecimiento. Eso sí: no abuses. Usa una pequeña dosis –como una gota–, y extiéndela por todo el rostro húmedo, para lograr aplicarla de manera uniforme. Y un detalle importante: el exceso no trabajará a tu favor. Más bien lo contrario, con lo cual debes ser prudente.

Parte 4: APLICAR TRATAMIENTOS

Ahora viene la parte más extravagante, según lo verán algunos. Es el momento de “pasar al ataque” en nuestro objetivo de mejorar el rostro. Por esto te comparto aquí algunos productos caseros que podrás usar como tratamiento facial.

El primero de ellos es el de la cúrcuma, una especia que se puede comprar en cualquier supermercado. Es barata, accesible y con efectos asombrosos, mucho más si se la combina con yogurt. ¿Cómo se lo prepara? Fácil. Un poco de yogurt natural mezclado con una porción de cúrcuma formarán una pasta que deberás extender en tu rostro a modo de mascarilla luego de lavarlo. Con 20 minutos el tratamiento estará listo. No te extiendas más porque podría mancharse tu piel. Tras ese lapso, enjuaga con agua sin usar jabón (evita usar toallas directamente sobre la mascarilla, ya que pueden mancharse).

Otro buen aliado es el vinagre de manzana. Con sólo verter unas gotas sobre un paño desechable alcanzará para frotarte el rostro. Las bacterias naturales del vinagre se encargarán de mantener tu rostro limpio. Deberás dejarlo dos o tres minutos reposar, antes de enjuagar sólo con agua. Sí, ya sé que el olor es un poco fuerte, pero ni bien se seque desaparecerá. Te lo garantizo.

También puedes prepararte una mascarilla utilizando un poco de miel y otra vez yogurt natural, gran aliado para tu cutis. Esta mezcla homogénea se aplica sobre el rostro recién lavado y se la deja unos 20 minutos. Los efectos son excelentes, pero asegúrate de enjuagar con extremo detalle.

Y para terminar, un consejo “de mantenimiento”. Es sabido que la contaminación provocada por grasas, suciedad, smog o gérmenes puede ingresar por los poros de tu rostro. Las consecuencias son granitos, puntos negros o manchas. Te sugiero reducir la posibilidad que esto suceda cuidando todo el tiempo de que tu rostro no entre en contacto con objetos o ambientes contaminados. Evita tocarte el rostro con tus manos, que siempre están en contacto con contaminantes. Cambia con frecuencia tu almohada, y por último, mantén limpio cualquier objeto que entre en contacto con tu cara, como pueden ser los anteojos.

Como ves, aquí no hay milagros. Lo que hay es constancia y disciplina. Y lo bueno es que con ellas, el aspecto de tu rostro quedará al alcance de tu mano. ¿Te animas?

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